lunes, 22 de junio de 2026


"CRISTO VISITA A LOS NEFITAS"

(Por Luis Castillo Rodríguez)

Un artículo de suma importancia. Luis es mi amigo y me permitió compartir en mi blog, éste artículo de investigación maravilloso. 
Recomiendo que lo lean con mucho detenimiento. Es mucha información valiosa. Disfrutenlo.
 






















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domingo, 3 de mayo de 2026

"Carta de despedida a los mexicanos 1821"

Servando Teresa de Mier

Al volver del otro mundo, que casi tanto vale salir de los calabozos de la Inquisición, donde por así conviene me tuvo archivado tres años el gobierno, me hallé con una gran variación en la ortografía y excluida la x del número de las letras fuertes, por más que la reclamase el origen de las palabras. Como la Academia Española había encargado que no se desatendiese éste enteramente, aunque se procurase conformar la ortografía a la pronunciación; y por otra parte no sólo veía incompleto el sistema de reforma, sino que en unos impresos la j era ya la única letra gutural, en otros alternaba la g con las vocales e i, creí que toda esta novedad vendría de los impresores. Hallándose cargados de obra con la libertad de la imprenta, y no sabiendo distinguir el origen de las palabras para distribuir las tres letras guturales, habrían echado por el atajo. Pero unos me han dicho que esto provenía de la misma Academia Española en su última ortografía, otros que no tal, sino que sólo proviene de los editores del Diccionario de la Academia que han adoptado el sistema promovido de algunos gramáticos modernos para no atender sino a la pronunciación. Encerrado en este Castillo no he podido apurar la verdad.

Preguntando en fines del siglo pasado a un grande literato español, por qué no se sujetaba a las reglas de la gramática y ortografía de la Academia, me respondió que cuando salieron a luz esas obras, ya habían muerto todos los hombres grandes que había en ella. Yo no quiero decir que ahora tampoco los haya, sino que en el país de las letras no estamos obligados a besar otro cetro que el de la razón, y espero a ver las que los novadores hayan tenido en el asunto. Yo profesé la lengua española en París y Lisboa, he meditado mucho sobre ella, he llegado a fijar su prosodia, y tengo muchas razones que oponer contra esas novedades inútiles, y especialmente contra la extensión que quiere darse a la j tan fea en sus pronunciación como en su figura, tan desconocida de los latinos como de los antiguos españoles, que nos dificultará el aprendizaje del latín y de sus dialectos europeos. En cuanto tenga lugar expondré mis razones.

Como quiera que sea, esta carta se reduce a suplicar por despedida a mis paisanos anahuacenses recusen la supresión de la x en los nombres mexicanos o aztecas que nos quedan de los lugares, y especialmente de México, porque sería acabar de estropearlos. Y es grande lástima, porque todos son significativos, y en su significado topográficos, estadísticos, o históricos.

Los primeros misioneros, para escribir la lengua náhuatl o sonora que llamamos mexicana, se acordaron, según Torquemada, con los indios más sabios creados en el Colegio de Santiago Tlatilolco, y como su pronunciación tiene dos letras hebreas, sade y scin sustituyeron en su escritura por aproximación a la primera tz y a la segunda x suave. Pero como para suavizar ésta aún no estaba adoptado el acento circunflejo sobre la vocal siguiente, y los conquistadores eran en su mayoridad extremeños y andaluces, o árabes en su pronunciación, pronunciaron fuerte todas las x escritas por los misioneros, y llenaron de letras guturales los términos que adoptaron de la lengua mexicana, la cual no admite alguna.


Por eso pronunciaron los españoles México (Méjico), aunque los indios no pronuncian sino México (Mescico) con la letra hebrea scin. Y es un dolor, mexicanos, que italianos, franceses, ingleses y alemanes pronuncien mejor que nosotros el nombre de nuestra patria, pues nadie fuera de nosotros, pronuncia México con letra gutural. En todo caso, paisanos míos, sigamos a escribirlo con x, o para llegar con el tiempo, si la nueva ortografía predomina, a pronunciar como se debe éste y los demás términos mexicanos, o para no echar en olvido enteramente una de nuestras mayores glorias. Si, México con x suave como lo pronuncian los indios significa: donde está o es adorado Cristo, y mexicanos es lo mismo que cristianos.

Desde luego se encuentra la palabra entera "Mescicho", como la pronuncian los indios, en el verso 2 del salmo 2 hebreo, donde la Vulgata tradujo Christum eius, su Cristo. Clavigero, con todo, cree que la partícula "co" de México es la mexicana que significa donde, y haciéndose cargo de las diferentes interpretaciones que se han dado al nombre de México por las palabras metl maguey, o metzi, luna o mes, de que puede estar compuesto, resuelve que el verdadero significado se ha de colegir por la historia mexicana, y según ella lo que debe significar es: donde está o es adorado Mexî, o Mexitl.


¿Y Mexî, pregunto yo, qué significa? Pronunciado como lo pronuncian los indios es una palabra hebrea, que significa lo que tomándolo del latín unctus llamamos ungido, tomándolo del griego Chrestous llamamos Cristo, y tomándolo del hebreo Mesci llamamos Mesías.


¿Y en inteligencia de los mexicanos qué significaba Mexî? La historia también es quien nos lo ha de decir con certeza. Mexî era un hombre-dios, llamado por otros nombres el Señor de la Corona de Espinas Teohuitznáhuac, el Señor del paraíso Teotláloc y otros, al cual concibió por obra del cielo una virgen llamada santa María Malintzin, y lo parió sin lesión de su virginidad hecho ya varón perfecto. Foemina circumdabit virum. Así lo cuenta el padre Torquemada.

Santo Torné fue quien les dio noticia de hijo y madre, a la cual llamaban también por eso Cilma-cóhuatl la mujer Tomé, y Coatlantona, madre de los Tomes o discípulos de Santo Tomé, que llevaban el pelo cortado en figura de corona sénchon-huitznáhuac, hacían tres votos de pobreza, obediencia y castidad, y servían en el templo del Señor de la Corona de Espinas: huitz-náhuac-teocalli.


A esta virgen celebraban los mexicanos dos fiestas principales. Una el día dos de febrero, día de la purificación de Nuestra Señora, y le presentaban niños como ella presentó el suyo al templo, y habían de ser precisamente comprados: omne primogenitum pretio redimes. Y procuraban fuesen rubios o güeritos en memoria de haberlo sido Santo Tomé quien instituyó las fiestas.

La otra se la hacían en Tepeyácac el día del solsticio hiberno a otro día de Santo Tomás apóstol, y le ofrecían flores e imágenes que hacían de la que allí veneraban con el nombre de Tzenteotinántzin, que quiere decir, madre del verdadero Dios, o Tonántzin nuestra Señora y Madre, porque decían que esta virgen madre de su Dios era madre de todas las gentes del Anáhuac que ahora llamamos Nueva España. Su figura era la de una niña con una túnica blanca ceñida y resplandeciente, a quien por eso llamaban también Chalchihuitlicue, con un manto azul verde-mar, Matlalcueye, tachonado de estrellas Citlacúi.


A su hijo Mexî pintaban los mexicanos con los jeroglíficos correspondientes a los tributos de Hombre-Dios, teniendo en su mano derecha una cruz formada con cinco globos de pluma, así como a su madre también le pintaban sobre el pelo una crucecita. También pintaban a Mexî como nosotros a Cristo pendiente de la cruz, aunque no con clavos sino atado, y así creían, dice Torquemada, que fue crucificado. Circunstancia muy de notar, pues así puntualmente pintan las imágenes de Cristo crucificado los cristianos de Santo Tomé en la India Oriental, porque en aquellos países el tormento de la cruz se da con cordeles. En una palabra: la prueba de que los mexicanos entendían por Mexî ungido Cristo o Mesías, es lo que decían, según Torquemada, en el viaje de los mexicanos; que se llamaron así desde que este su dios les mandó ponerse en las caras cierto ungüento. Eso significa crisma, y es decir desde que fueron crismados, ungidos o cristianos. Y celebraban, dice también Torquemada, la fiesta de Mexî todos ungidos y embijados.


Si alguno extrañare que llamasen a Jesucristo con un nombre hebreo, nosotros también le llamamos Mesías, y Jesús es nombre hebreo aunque precisado, como Cristo es griego, aunque latinizado. Los indios no podían decir Cristo, porque no tiene r su lengua, ni Jesús, porque tampoco tiene j y se acomodaron mejor con el Mexî conforme a su idioma; y sobre todo, siempre ellos preferían los nombres que podían escribir figurando su significado como el de Mexî; fuera de que la lengua hebrea es la lengua litúrgica de los cristianos de Santo Tomé en el oriente, de donde parece vino el cristianismo a los mexicanos: lo cierto es, que según el santo obispo Casas en su Apología de los indios eran bautizados por los sacerdotes Tomés con todas nuestras ceremonias en el nombre de la Trinidad en hebreo: pues los tres nombres que refiere decían en el bautismo, son precisamente los nombres de padre, hijo y espíritu santo en hebreo, aunque él no lo sabía. La fuente en que se bautizaban en México (porque era una verdadera fuente como en la primitiva Iglesia, de donde vino llamarse fuente a la pila bautismal), se llamaba fuente de Santo Tomé Coápan, la cual se descubrió cuando abrieron los cimientos de la catedral, y se queja Torquemada de que la tapasen supersticiosamente, pues era de buena agua.


Los cristianos fugitivos de la persecución de Huemac rey de Tula contra Santo Tomé, que eso quiere decir Quetzal-cóhuatl, el cual pasó a Cholula, se refugiaron en la laguna o lago Anáhuac en una isleta de arena que por eso llamaron Xâltelolco y después Tlatelolco, o isla de tierra. Perseguidos allí y con mil trabajos, aunque siempre protegidos de su dios, fundaron a Tenochtítlan en un montecillo contiguo donde hallaron un tunal, que eso es lo que significa tenochtítlan, y era el mismo montecillo sobre que está situada la catedral. Y llamaron al conjunto de ambos lugares o barrios México, donde está o es adorado Cristo, exigiendo de sus jefes, que al principio quizá fueron sus obispos, se llamasen y reconociesen vicarios y lugartenientes de Santo Tomé, como se llamaban efectivamente, según Torquemada, hasta los emperadores de México cuando los hubo, pues primero fue república, después tuvo reyes, y últimamente emperadores.

Supo esta anécdota Hernán Cortés y se fingió embajador de Santo Tomé. «Mi empeño -escribe a Carlos V- estaba en hacer creer a Moteuhzoma que vuestra magestad era el mismo Santo Tomé, cuyas gentes esperaban». «Si en eso no traéis algún engaño -le dijo Moteuhzorna- y es cierto que ese gran señor que os envía es nuestro señor Santo Tomé (toteotl quetzalcóhuatl), este imperio es suyo y yo haré cuanto mande. En cuanto a la religión que me habéis propuesto, veo que es la misma que nos enseñó y estamos de acuerdo. Nosotros con el transcurso del tiempo, la habremos olvidado o trastornado; tú que vienes ahora de su corte, la tendrás más presente; no tienes más que ir diciendo lo que debemos tener y creer, y nosotros lo iremos practicando». Por lo cual, dice Acosta, que a no haber tenido otro objeto que la religión, se habría establecido sin una gota de sangre. La predicación y profecías de Santo Tomé sobre la venida de gentes de su misma religión y de hacia el oriente que dominarían el país por algún tiempo, son la verdadera clave de la conquista en ambas Américas. Yo la he estudiado bien: y mientras no se asiente esta base, no se escribirán sino absurdos y tonterías.

El templo mayor de México o teo-cal-li (palabra enteramente griega y con la misma significación) se edificó, dice Torquemada, en el barrio del Señor de la Corona de Espinas sobre el sepulcro de San Bartomé, mártir en Tula, discípulo de Santo Tomé, que estuvo muy venerado, dicen Acosta y Torquemada, hasta la conquista. Este es el famoso Cópil, pues quiere decir hijo de Tomé, y eso significa en hebreo Bartomé, cuya cabeza mandada cortar por Huemac fue echada en la laguna en el sitio que desde entonces se llamó Cópilco, donde está Cópil o Bartomé.

En la fábrica y servicio del templo quisieron remedar los mexicanos el templo de Salomón. De ahí vino la famosa columna del de México que dominaba las siete ciudades del lago, o laguna como mal dicen. Así era la columna del templo de Salomón, que según el libro II del Paralipómenon tenía de altura ciento treinta codos sobresaliendo cuarenta de la techumbre.

Cuando dicen, que en la dedicación del templo de México se sacrificaron veintidós mil víctimas humanas, es equivocación con los veintidós mil bueyes que inmoló Salomón según la Escritura en la dedicación del templo de Jerusalén. Y es para admirar, que se crea a la letra por ser en disfavor de los indios un absurdo tamaño como el degüello pacífico de una ciudad o ejército de veintidós mil hombres para dedicar un templo, cuando nadie cree a la letra el viaje famoso de los mexicanos, que duró cuarenta años, y que no es más que una copia literal del de los israelitas por el desierto con las mismas mansiones y prodigios. Los indios tenían en su poder (como dieron testimonio por escrito los misioneros en Veracruz al célebre fray Gregorio García) toda la Biblia en imágenes y figuras jeroglíficas, las confundieron con el tiempo, se aplicaron las historias de la Escritura, y trastornaron su propia historia y su religión.

¿Qué era la religión de los mexicanos sino un cristianismo trastornado por el tiempo, y la naturaleza equívoca de los jeroglíficos? Yo he hecho un grande estudio de su mitología y en su fondo se reduce a Dios, Jesucristo, su Madre, Santo Tomé, sus siete discípulos llamados los siete Tomés chicomecohuatl y los mártires que murieron en la persecución de Huemac. Los españoles, porque no la conocían en otra lengua y liturgia, y se habían introducido abusos enormes, destruían la misma religión que profesaban, y reponían las mismas imágenes, que quemaban porque estaban bajo diferentes símbolos. ¡Qué inmensidad de cosas tengo sobre esto que decir!

Si éstos eran los errores, blasfemias, impiedades, que el caballo Bruno dijo en el edicto ruidoso del señor Haro haber hallado en mi sermón de Guadalupe, no me admiro, porque los necios blasfeman todo lo que ignoran. Pero no los creyó tales la Real Academia de la Historia en el detenido examen que de orden del Consejo de Indias hizo de mi sermón. Y lejos de condenarlo pidió, que el edicto del arzobispo, indigno de un prelado, fuese recogido como un libelo infamatorio y fanático. Me ratifico en todo lo dicho: actualmente estaba escribiendo sobre eso cuando salí de la Inquisición, y bastante había ya impreso de ello en una disertacioncilla al fin del segundo tomo de la Historia de la revolución de Nueva España, que di a luz en Londres en dos tomos en cuarto.

Por si mis perseguidores dieren fin a mi vida en las prisiones, o así como no dejan correr, porque les amargan las verdades, la dicha Historia de la revolución; sepultaren todo lo que escribí en la Inquisición sobre estas antiguallas gloriosísimas de nuestra patria, pondré aquí dos noticias curiosas, para que en tales investigaciones sirvan de guía a otros anticuarios.

Entre las Memorias en un tomo folio publicadas por el Instituto Nacional de Francia, hallarán una sobre la existencia de una isla desconocida entre nuestra América y la China, cuyo autor no recuerdo. Yo traía sobre esto apuntes, que con otros muchos documentos y mis obras mismas trabajadas, eché en el río de Soto-la-Marina, no fuese que Arredondo tomase de ellas pretexto para satisfacer su deseo de despacharme de este mundo. Pero ciertamente el autor de la Memoria citada había estudiado en Pekín mismo la geografía en los libros y mapas de los chinos, y en ellos vio cómo en los siglos primeros del cristianismo tenían comercio con ambas Américas. Refiere los nombres que les daban, demarca el derrotero que traían, y cuenta cómo en 1450 volvió un religioso de los que habían pasado a nuestra América, contando los grandes progresos que en ella había hecho la religión de Foe. Como es muy parecida al cristianismo puede ser la equivocasen con él. El calendario mexicano es casi idéntico al de los tártaros chineses, la lengua mexicana, está llena de palabras chinas, y en Campeche llamaban a Santo Tomé Chilan-cambal, que en lengua chinesa quiere decir Santo Tomás.

Hallarán también mis paisanos en la Geografía eruditísima de Maltebrun, que se estaba imprimiendo en París el año 1814, pruebas evidentes, de que desde el siglo X hubo en nuestra América colonias (y se saben sus nombres) de dinamarqueses o normandos, irlandeses y escoceses. Léase sobre esto el Mitrídates, obra alemana muy curiosa. Torquemada dice que es constante que cuatro generaciones antes de la conquista ya se tenía en nuestra América claro conocimiento de la religión cristiana y de la venida futura de los españoles. A esa época parece pertenecen los cuatro célebres profetas de Yucatán, cuyas notables profecías refiere Montemayor.

Veytia dice consta de los manuscritos mexicanos recogidos por Boturini, que hubo dos predicadores del Evangelio en el Anáhuac: uno muy antiguo que vino doce años después de un grande eclipse que él y Boturini calculan ser el de la muerte de Cristo, y otro hacia el siglo VI. Él cree que fuese el primero Santo Tomás apóstol y ese mismo el célebre Quetzalcóhuatl de los indios. De esa misma opinión fue don Carlos de Sigüenza en su Fénix del Occidente el Apóstol Santo Tomé; un jesuita mexicano que escribió en Manila la Historia del verdadero Quetzalcóhuatl el apóstol Santo Tomé, y otros graves autores extranjeros, españoles y americanos.

En mi larga Apología, que comenzando desde mi sermón de Guadalupe en 1794 escribí en la Inquisición, desenvolví los graves fundamentos que hay para creer que el predicador de hacia el siglo VI fue el santo obispo abad de Irlanda San Brendano, vulgarmente llamado San Borondón. Su famoso viaje en el siglo VI a una isla desconocida, donde con siete discípulos suyos ordenados de obispos fundó siete iglesias, puede ser fabuloso en las circunstancias, que en lo remoto y raro siempre se añaden maravillosas; pero eso no prueba que no sea verdadero en el fondo el viaje mismo. Puntualmente en el siglo VI pone Torquemada el desembarco de Quetzalcóhuatl en Pánuco con siete discípulos venerados después en México como santos y cree fueron todos irlandeses, porque eran rubios, blancos, ojos azules y las caras rayadas de azul, como en aquellos siglos las tenían los irlandeses. Sin embargo es menester, que uno de los dos predicadores haya sido oriental, porque yo encuentro entre los mexicanos toda la liturgia, vestuarios, costumbres y disciplina de las Iglesias orientales. Mucho escribí sobre esto en la Inquisición y aún mucho más me queda por decir.

Ya se supone que los enemigos de las glorias de nuestra patria han de llamar todo esto fábulas, delirios y hasta blasfemias e impiedades; y si me cogieran a mano, ayudados de la cauda de aduladores ex omni gente et populo, recomenzarían la persecución que por eso mismo me suscitó el arzobispo Haro desde el año 1794. Pero sepan mis paisanos que le puse pleito ante el Concejo de Indias, que se lo gané, que se le mandó reprender, multar, recoger su edicto, restituirme a la patria con todo honor a expensas del erario, reinstalarme en todos mis honores y bienes, e indemnizarme a costa de mis perseguidores de todos mis perjuicios y padecimientos. Ya contaré todo por extenso en mi Manifiesto apologético, que estoy concluyendo para la prensa.

Mis paisanos dejen de ladrar, e instrúyanse. El Fénix del Occidente de Sigüenza se perdió, pero la Historia del verdadero Quetzalcóhuatl que cité, existe en México. Veo por las gacetas que se están imprimiendo las Antigüedades de Veytia. Bastante bueno trae sobre Santo Tomé, aunque es lástima dice Gama, que errase la explicación del calendario mexicano, y esté todo lleno de equivocaciones groseras. Gama, según carta suya que vi en Roma, se había aplicado a escribir la historia antigua mexicana. Y este caballero reunía al juicio y la crítica todos los conocimientos necesarios para una obra completa. En fin, lean a fray Gregorio García, Predicación del Evangelio en el Nuevo mundo viviendo los apóstoles, impreso en Baeza. Y a fray Antonio Calancha, Crónica de San Agustín del Perú, que ocupa todo el libro II en probar la predicación de Santo Tomás en América. Allí verán citados otros muchos autores. Los deístas mismos confiesan hoy que es indubitable la antigua predicación del Evangelio en la América.


Fuente:

Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes

https://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/carta-de-despedida-a-los-mexicanos-1821--0/html/7d9d3ffa-43c0-431e-bc3e-fad85966e30a_1.html


jueves, 9 de abril de 2026

 LAS "ESTELAS" DE IZAPA NARRAN "LA CREACIÓN", TAL COMO LO NARRA EL POPOL VUH.

(Profesor Javier Tovar)

Para muchos de nuestros lectores, hablar de la Estela 5 de Izapa puede resultar familiar. Se dice que la piedra tiene grabados que representan a Lehi y su familia. Se ha explicado que todos los miembros de su familia están presentes, y que, por lo tanto, Izapa podría ser la representación del "Árbol de la vida".

Sin descartar las investigaciones previas, en esta ocasión hablaré de un estudio diferente al anterior. Se trata de la explicación de la creación de la Tierra, según el Popol Vuh, el "Libro del Consejo" (en idioma quiché).

En primer lugar, quiero comenzar explicando brevemente qué es el Popol Vuh (o Popol WúJ, en quiché), su historia y su contenido.

Este libro es un tesoro mundial, su origen es el siguiente:

Tras la conquista de la antigua Mesoamérica, en concreto del territorio maya, algunos sacerdotes supervivientes, cristianizados, aprendieron latín y reescribieron su historia, una historia que antes de la conquista española se transmitía mayormente de memoria. Quienquiera que haya escrito el Popol Vuh lo hizo en quiché, utilizando caracteres latinos.

El escrito finalizado fue dejado en Chuilá, hoy Chichicastenango, Guatemala. Se cree que su finalización tuvo lugar entre los años 1554 y 1558.

Permaneció allí durante aproximadamente un siglo y medio hasta que, en 1701, el padre Francisco Ximénez lo encontró y comenzó a traducirlo del quiché (con caracteres latinos) al español.

El mismo descubridor, el padre Ximénez, revisó nuevamente el escrito y modificó el texto, eliminando lo que consideraba repeticiones y algunos pasajes del libro, pero hay quienes afirman que el autor fue Justo Gavarrete. No se sabe con certeza.

En cualquier caso, a partir de entonces se hicieron más versiones de dicho libro, en alemán, francés, inglés, etc.

Esta es la historia del "Pueblo Vuh", narrada en las estelas de Izapa:

Estela 5 de Izapa.   "El Principio" .

Explica que las dos grandes máscaras son de Tepeu y Gucumatz, quienes abren sus grandes bocas para pronunciar los nombres de cada elemento de la Creación: mares, ríos, la tierra, animales, seres humanos hechos de barro y madera. Afirma que la ceiba evoca la memoria de sus ancestros. («Edad y género en el Popol Vuh». Beatriz Barba. Página 194).

"Este es el relato de cómo todo quedó suspendido, todo en calma, en silencio; todo inmóvil, silencioso y vacío en la inmensidad del cielo."

Esta es la primera relación, el primer discurso.

Todavía no existían ni el hombre, ni los animales, ni los pájaros, ni los peces, ni los cangrejos, ni los árboles, ni las piedras, ni las cuevas, ni los barrancos, ni la hierba, ni los bosques: solo existía el cielo.

No se veía la faz de la tierra. Solo él estaba más tranquilo y el cielo en toda su extensión.

No había nada en pie; solo el agua en reposo, el mar tranquilo, solitario y sereno. No había nada dotado de existencia.” (Popol Vuh. Las antiguas historias del Quiché. Notas Adrián Recinos, FCE, 1993 Página 23).

Estela 2 de Izapa. 

"La cabeza de Hunahpú en el árbol".

Nombre: Hun-Hunahpú y Vucub Hunahpú

Los dioses de Xibalbá contemplan el árbol de calabaza donde se encuentra la cabeza de Hunahpú.

El pájaro descendente simboliza el sacrificio humano.   

("Edad y género en el Popol Vuh". Beatriz Barba. Página 194).

«Toma la cabeza y ponla en ese árbol que está plantado junto al camino», dijeron Hun-Came y Vucub-Camé. Y al ir a poner la cabeza en el árbol, este árbol, que nunca había dado fruto antes de que colocaran la cabeza de Hun-Hunahpú entre sus ramas, se cubrió de frutos. Y a este árbol lo llamamos hoy la cabeza de Hun-Hunahpú, que es como se le conoce.

Con admiración, Hun-Camé y Vucub-Camé contemplaron el fruto del árbol. El fruto redondo estaba por todas partes; pero la cabeza de Hun-Hunhapú no se distinguía; era un fruto igual a los demás del jícaro. Así se presentó ante todos en Xibalbá cuando vinieron a verla. (Popol Vuh. Historias antiguas de los quiché. Notas de Adrián Recinos. FCE, 1993, página 57)

Estela 4 de Izapa.

"Está hecho con la protección del buitre".

"Ixbalanqué llamó inmediatamente a todos los animales, al vagabundo, al jabalí, a todos los animales pequeños y grandes, durante la noche, y al amanecer les preguntó qué comían."

¿Cuál es la comida para cada uno de ustedes? Los he llamado para que elijan su comida, les dijo Ixbalanqué.

Muy bien, respondieron. E inmediatamente cada uno fue a tomar lo suyo, y todos se marcharon juntos...

Detrás de ellos se había quedado la tortuga, que se arrastraba para tomar su alimento. Y al llegar al final del cuerpo, tomó la forma de la cabeza de Hunahpú, e instantáneamente se le tallaron los ojos.

Entonces vinieron muchos sabios del cielo. "El corazón del Cielo", Huracán, vino a cernirse sobre la "Casa de los Murciélagos".

Y no fue fácil terminar de maquillarle la cara, pero quedó muy bien; el pelo también tenía un aspecto precioso, e incluso podía hablar.

Pero cuando estaba a punto de amanecer y el horizonte se teñía de rojo, —¡Está oscureciendo otra vez, viejo! —le dijeron al buitre.

De acuerdo, respondió el anciano, e instantáneamente perdió el conocimiento. "El zopilote se ha apagado", dicen ahora.

Estela 10 de Izapa. 

"Ixquic, la virgen, queda embarazada bajo un árbol".

Segundo nombre: Hunahpú e Ixbalanqué.

"Bajo el árbol sagrado, la virgen queda embarazada del decapitado Hun Hunahpú y da a luz a gemelos". ("Edad y género en el Popol Vuh". Beatriz Barba. Página 195).

"Esta es la historia de una doncella, hija de un señor llamado Cuchumaquic."

Estas noticias llegaron a oídos de una doncella, hija de un señor. El nombre del padre era Cuchumaquic y el de la doncella, Ixquic. Cuando oyó la historia de los frutos del árbol, que le contó su padre, quedó asombrada.

—¿Por qué no iría a ver ese árbol del que hablan? —exclamó la joven—. ¡Seguro que los frutos de los que oigo hablar son deliciosos! Entonces partió sola y llegó al pie del árbol que estaba plantado en Pucbal-Chah.

—¡Ah! —exclamó—, ¿qué frutos da este árbol? ¡Qué maravilla verlo cubierto de fruta! ¿Acaso moriré si corto uno? —preguntó la doncella.

Entonces la calavera que yacía entre las ramas del árbol habló y dijo: —¿Qué es lo que quieres? Estos objetos redondos que cubren las ramas del árbol no son más que calaveras. Así dijo la cabeza de Hun-Hunahpú dirigiéndose a la joven. —¿Acaso las quieres? —añadió.

—Sí, me gustaría —respondió la doncella.

—Muy bien —dijo la calavera—. Extiende aquí tu mano derecha.

—Bien —respondió la joven, y levantando la mano derecha, la extendió en dirección al cráneo. 

En ese instante, la calavera soltó un silbido de saliva que cayó directamente en la palma de la mano de la doncella. Él miró rápida y cuidadosamente la palma de su mano, pero la saliva de la calavera ya no estaba allí.

—En mi saliva y en mi saliva te he dado mi descendencia —dijo la voz en el árbol—. Ahora mi cabeza ya no tiene nada, no es más que un cráneo despojado de su carne. Esta es la cabeza de los grandes príncipes; la carne es lo único que les da una apariencia hermosa. Y cuando mueren, los hombres se asustan por los huesos. Esta es también la naturaleza de los niños, que son como la saliva y el limo, sean hijos de un Señor, de un sabio o de un orador. Su condición no se pierde al partir, sino que se hereda; la imagen del Señor, del sabio o del orador no se extingue ni desaparece, sino que la dejan a sus hijas y a los hijos que engendran. Yo he hecho lo mismo contigo. Sube, pues, a la superficie de la tierra, para que no mueras. Confía en mi palabra de que así será —dijo la cabeza de Hun-Hunahpú y Vucub-Hunahpú—.

Estela 12 de Izapa.

“¡El maíz [su caña], representante de los héroes!

Tercer nombre: Ixhunahphú e Ixbalanqué.

"La abuela y la madre vieron al tigre muerto atado a los juncos en medio de la casa."

Cuando los juncos y los tigres revivan, los gemelos también revivirán”. (“Edad y Género en el Popol Vuh”. Beatriz Barba. Pág. 196).

—¡Habla! —le dijeron al piojo.

Y entonces el mensajero dijo:

—Tu abuela dijo, muchachos: Id a llamarlos; han venido mensajeros de Hun-Camé y Vucub-Camé a Xibalbá, diciendo: Que vengan aquí en siete días a jugar con nosotros, que traigan también sus instrumentos de juego, la pelota, los aros, los guantes, los cueros, para que se diviertan aquí, dicen los Señores. De verdad han venido, dice su abuela. Por eso vine. Porque tu abuela dice esto y su abuela llora y se lamenta, por eso vine.

—¿Será verdad? —se preguntaron los chicos al oír aquello. Y partieron al instante, llegando junto a su abuela; solo fueron a despedirse de ella.

—Nos vamos, abuela, solo vinimos a despedirnos. Pero queda la señal de nuestro destino: cada uno plantará una caña, en medio de nuestra casa la plantaremos: si se secan, será la señal de nuestra muerte. ¡Están muertas!, dirás, si se secan. Pero si crecen: ¡Están vivas!, dirás, ¡oh abuela nuestra! Y tú, madre, no llores, porque ahí te dejamos la señal de nuestra suerte —dijeron.

Y antes de partir, sembró una caña de Hunahpú y otra de Ixbalanqué; las sembraron en la casa y no en el campo, ni en tierra húmeda, sino en tierra seca; en medio de su casa las dejaron sembradas.

Estela 14 de Izapa.

"Las casas de iniciación"

"La primera fue la "Casa Oscura, Quequmha", dentro de la cual solo había oscuridad."

Los castigos de Xibalbá fueron numerosos y se les castigó de muchas maneras.

La primera era la Casa Oscura, Quequma-ha, en cuyo interior solo había oscuridad.

Según la "Casa donde temblaban", Xuxulim-ha, dentro de la cual hacía mucho frío. Un viento frío e insoportable soplaba dentro de él.

La tercera era la "Casa de los Tigres", Balami ha, como se la llamaba, en la que no había más que tigres que se agitaban, se amontonaban, gruñían y se burlaban. Los tigres estaban encerrados dentro de la casa.

Zotzi-ha, la "Casa de los Murciélagos", era considerada el cuarto lugar de castigo. Dentro de esta casa solo había murciélagos que chillaban, gritaban y revoloteaban por todas partes. Los murciélagos estaban encerrados y no podían escapar.

La quinta se llamaba la "Casa de los Cuchillos", Chayin-ha, en cuyo interior solo había cuchillos afilados y cortantes, que permanecían silenciosos o crujían entre sí dentro de la casa.

Estela 18 de Izapa.

"Los animales mensajeros de la abuela"

Segundo nombre: Hunahupú e Ixbalanqué.

Los gemelos Hunahupú e Ixbalanqué, hombre y alma, son localizados por varios animales para que vayan a jugar contra los dioses de Xibalbá.


"Y al instante un piojo cayó sobre su falda. Ella lo recogió y lo puso en la palma de su mano, y el piojo se movió y comenzó a caminar."

—Hijo mío, ¿quieres que te envíe a llamar a mis nietos al partido de béisbol? —le dijo al piojo—. «Han llegado mensajeros antes que tu abuela», dirás. «Que vengan en siete días, que vengan, dicen los mensajeros de Xibalbá; eso es lo que tu abuela te dijo que dijeras», le dijo al piojo.

En ese momento el piojo se retorció. Y sentado en el camino había un niño llamado Tamazul, es decir, la rana.

—¿Adónde vas? —le dijo la rana al piojo.

—Tengo un recado en mi barriga, voy a buscar a los chicos —respondió el piojo a Tamazul.

—Está bien, pero veo que no tienes prisa —le dijo la rana al piojo—. ¿No quieres que te trague? Ya verás cómo corro, y llegaremos enseguida.

Estela 21 de Izapa.

"Camazotz le corta la cabeza a Hunahpú"

El sacerdote-vampiro-sacrificador le corta la cabeza a Hunahpú y es observado por su alma Ixbalanqué (tigrilla-bruja). ("Edad y género en el Popol Vuh". Beatriz Barba. Página 197).


"Entonces Ixbalanqué le dijo a Hunahpú: - ¿Ya va a amanecer? Mírate.

—Tal vez sí, ya veré —respondió.

Y como estaba muy ansioso por ver lo que había fuera de la boca de la cerbatana, y quería ver si había amanecido, Camazotz le cortó la cabeza al instante y el cuerpo de Hunahpú quedó decapitado.

Ixbalanqué volvió a preguntar: —¿Ya amaneció? Pero Hunahpú no se movió. —¿Adónde se ha ido Hunahpú? ¿Qué has hecho? Pero él no se movió y permaneció en silencio.

Entonces Ixbalanqué sintió vergüenza y exclamó: —¡Desdichados nosotros! ¡Estamos completamente derrotados!

Inmediatamente, por orden expresa de Hun Camé y Vucub Camé, fueron a colgar la cabeza en el juego de pelota, y todos los de Xibalbá se regocijaron por lo sucedido a la cabeza de Hunahpú.

Estela 22 de Izapa.

"Muerte, transfiguración y resurrección de Hunahpú e Ixbalanqué"

"Tercer nombre: Ixhunahpú e Ixbalanqué.

El maíz quemado y muerto es arrojado a los ríos. Él va con su alma en forma de tigre degollado". ("Edad y Género en el Popol Vuh". Beatriz Barba. Pág. 197).

—No intenten engañarnos —respondieron—. ¿Acaso ignoramos nuestra muerte, oh Señores, y que eso es lo que nos espera aquí? Y poniéndose cara a cara, extendieron ambos brazos, se postraron hasta el suelo y se lanzaron al fuego, y así murieron juntos.

Todos los de Xibalbá se llenaron de alegría y, dando muchas voces y silbidos, exclamaron: ¡Ahora los hemos derrotado! ¡Por fin han cumplido!

Entonces llamaron a Xulú y Pacam, a quienes [los muchachos] habían advertido, y les preguntaron qué debían hacer con sus huesos, tal como lo habían predicho. Los de Xibalbá molieron sus huesos y fueron a arrojarlos al río. Pero no llegaron muy lejos, pues al asentarse en el fondo del agua, se convirtieron en hermosos muchachos. Y cuando se manifestaron de nuevo, realmente tenían los mismos rostros.

Estela 25 de Izapa.

Vacub Caquix le arranca el brazo a Han Hanahpú

Hunahpú se enfrenta a los dioses falsos: el guacamayo, el cocodrilo y el gigante.

"Ahora relataremos el disparo de la cerbatana efectuado por los dos muchachos contra Vucub Caquix, y la destrucción de cada uno de aquellos que se habían vuelto arrogantes."

Vucub Caquix tenía un gran árbol de nance, cuyo fruto era su alimento. Este venía todos los días con el nance y trepaba hasta la copa del árbol. Hunahpú e Ixbalanqué habían visto que ese era su alimento. Y habiendo acechado a Vucub Caquix al pie del árbol, oculto entre las hojas, Vucub Caquix llegó directamente a su comida de nances.

En ese momento fue herido por un golpe de la cerbatana de Hun-Hunahpú, que le dio precisamente en la mandíbula, y gritando cayó directamente al suelo desde lo alto del árbol.

Hun Hunahpú corrió apresuradamente a agarrarlo, pero Caquis le arrancó el brazo y, tirando de él, se lo dobló desde la punta hasta el hombro. Así fue como Vucub Caquix le arrancó el brazo a Hun Hunahpú. Sin duda, los muchachos hicieron bien en no ser derrotados primero por Vucub Caquix.

Tomando del brazo a Hun Hunahpú, Vucub-Caquix se dirigió a su casa, donde llegó sujetándose la mandíbula.

Estela 27 de Izapa

Segundo nombre: Hunahpú e Ixbalanque.

Un animal les da la pelota a los gemelos para que puedan volver a jugar.

"Pero, finalmente, otro llegó saltando cuando él llegó, y a este, que era el ratón, lo atraparon de inmediato y lo envolvieron en un paño. Y después de atraparlo, le apretaron la cabeza y quisieron ahogarlo, y le quemaron la cola en el fuego, pues ¿de dónde viene la cola del ratón que no tiene pelo?; y así también quisieron golpearlo en los ojos de los dos muchachos Hunahpú e Ixbalanqué."

Y el ratón dijo: —No debo morir a tus manos. Y tu trabajo tampoco es plantar milpa.

—¿Qué nos estás diciendo ahora? —le preguntaron los chicos al ratón.

—Déjame ir un momento, tengo algo que contarte y te lo diré enseguida, pero primero dame algo de comer —dijo el ratón.

—Entonces les daremos la comida, pero hablen primero —respondieron.

—Está bien. Sabrás, entonces, que los bienes de tus padres Hun-Hunahpú y Vucub Hunahpú, como se les llamaba, los que murieron en Xibalbá, es decir, los instrumentos con los que tocaban, se han conservado y cuelgan del techo de la casa: el anillo, los guantes y la pelota. Sin embargo, tu abuela no quiere enseñártelos porque tus padres murieron por culpa de ellos.

«...—  ¿Qué le pasa a nuestra abuela? Tenemos la boca seca por falta de agua, nos morimos de sed —le dijeron a su madre y la mandaron afuera. Entonces el ratón fue a cortar [la cuerda que sujetaba] la pelota, que cayó del techo de la casa junto con el aro, los guantes y el cuero. Los muchachos los agarraron y corrieron inmediatamente a esconderlos en el camino que llevaba al juego de pelota.» (Popol Vuh. Historias antiguas de los quiché. Notas de Adrián Recinos, FCE, 1993, páginas 74-75).


Estela 60 de Izapa.

"El sacrificio de los señores de Xibalbá".

Los Señores quedaron asombrados. —¡Sacrifíquense ahora para que podamos verlo! ¡Nuestros corazones anhelan ver sus danzas! —dijeron los Señores.

—Muy bien, Señor —respondieron. Y entonces se sacrificaron. Hunahpú fue sacrificado.

Ixbalanqué le cortó los brazos y las piernas uno a uno, le separó la cabeza y se la llevó, le arrancó el corazón del pecho y lo arrojó sobre la hierba. Todos los señores de Xibalbá estaban fascinados. Miraban con admiración, y solo uno bailaba: Ixbalanqué.

—¡Levántate! —dijo, y al instante volvió a la vida. Nosotros [los jóvenes] nos alegramos mucho, y los Señores también. En verdad, lo que hacían alegraba los corazones de Hun-Camé y Vucub Camé, y ellos se sentían como si estuvieran bailando.

Sus corazones se llenaron de inmediato de deseo y ansiedad por las danzas de Hunahpú e Ixbalanqué. Entonces Hun Camé y Vucub-Camé dieron sus órdenes.

—¡Haced lo mismo con nosotros! ¡Sacrificadnos! —dijeron—. ¡Despedazadnos uno por uno! —dijeron Hun Camé y Vucub Camé a Hunahpú e Ixbalanqué.

—Está bien; entonces resucitaréis. ¿Acaso no nos habéis traído para entreteneros, a vosotros, los señores, a vuestros hijos y a vuestros vasallos?, les dijeron a los señores.

Y he aquí que primero sacrificaron a aquel que era su líder y Señor, aquel llamado Hun Camé, rey de Xibalbá.

Y con Hun Camé muerto, se apoderaron de Vucub-Camé. Y no los resucitaron. (Popol Vuh. Historias antiguas de los quiché. Notas de Adrián Recinos, FCE, 1993, páginas 97-98).

Estela 89 de Izapa.
"Cabracán el tercero de los soberbios".

"Entonces Cabracán preguntó a Hunahpú e Ixbalanqué: - ¿Qué hacen aquí? No conozco sus rostros. ¿Cómo los llaman?", dijo Cabracán.

—No tenemos nombre —respondieron—. No somos más que tiradores con cerbatana y cazadores con liga en las montañas. Somos pobres y no tenemos nada que nos pertenezca, muchacho. Solo caminamos por las colinas, tanto pequeñas como grandes, muchacho. Y precisamente hemos visto una gran montaña, allí donde el cielo se tiñe de rojo. En verdad se eleva muy alto y domina la cima de todas las colinas. Así que no hemos podido atrapar ni un par de pájaros allí, muchacho. Pero ¿es cierto que puedes derribar todas las montañas, muchacho? —le preguntaron Hunahpú e Ixbalanqué a Cabracán.

¿De verdad has visto esa montaña? ¿Dónde está? En cuanto la vea, la derribaré. ¿Dónde la viste?

—Está allí, donde sale el sol —dijeron Hunahpú e Ixbalanqué.

—Bien, enséñame el camino —les dijo a los dos jóvenes.

—¡Oh, no! —respondieron—. Tenemos que llevarte entre nosotros: uno irá a tu izquierda y el otro a tu derecha, porque tenemos nuestras cerbatanas y, si hay pájaros, les dispararemos.

Y así fueron alegremente, probando sus cerbatanas; pero cuando disparaban con ellas, no usaban el bodoque de arcilla en el tubo de sus cerbatanas, sino que solo soplaban para derribar a los pájaros cuando les disparaban, por lo que Cabracán admiraba mucho.

Entonces los muchachos encendieron una fogata y asaron los pájaros en ella, pero untaron a uno de ellos con tiza y lo cubrieron con tierra blanca.

—Te daremos esto —dijeron— para que te abra el apetito con el olor que desprende.

Nuestro pájaro será vuestra perdición. Así como la tierra cubre a este pájaro por nuestra obra, así lo encontraremos en la tierra y en la tierra lo enterraremos.

—Grande será la sabiduría de un ser creado, de un ser formado, cuando amanezca, cuando se aclare —dijeron los muchachos.

—Como el deseo de comer algo es natural en el hombre, el corazón de Cabracán está ansioso —se dijeron Hunahpú e Ixbalanqué el uno al otro...

"...Entonces los muchachos lo ataron. Le ataron los brazos a la espalda y también el cuello y los pies. Luego lo tiraron al suelo y lo enterraron allí."

De esta forma, Cabracán fue derrotado únicamente por la obra de Hunahpú e Ixbalanqué. No sería posible enumerar todas las cosas que estas personas .


Bibliografía:

Popol Vuh, Las antiguas historias de los Quiché. Traducción Adrián Recinos 193 


Popol Vuh, Historia del manuscrito y traducciones. 

https://serunserdeluz.wordpress.com/2012/02/27/popol-vuh-historia-del-libro-y-fragmento/


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